Cagados de miedo llegamos a Río de Janeiro, nuestra última escala antes de la vuelta a casa. Las numerosas advertencias sobre seguridad que leímos en las guías nos metieron el susto en el cuerpo. Que si salías del hostal no llevaras objetos de valor, por la noche no tomar jamás un autobús, en la playa andar con mil ojos y miles de consejos más convertían a Rio en la ciudad de veraneo de Mad Max.
Llegar de madrugada a una perdida estación de autobuses y tener que pillar un autobús cargados de maletas además de bautismo de fuego Leer más »