Aire fresco en Puerto Natales

Puerto Natales tras el objetivo me ha enamorado. Creo que aunque el pueblo hubiera sido un auténtico horror, seguiría con la retina atrapada en su bahía. Los cormoranes reunidos en la puesta de sol, quizá para ver o para formar parte del paisaje de montañas nevadas que se iban borrando poco a poco, tras la caída de los últimos rayos de claridad sobre el frío pacífico.

Bahía de Puerto Natales

Bahía de Puerto Natales

Después de saturarnos de tiendas de souvenirs, bares para turistas, agencias de viajes, hoteles y compañías de alquiler de coches, todo en El Calafate, todo en una misma calle y sin dejar espacio para la vida real, llegar a Puerto Natales nos insufló un poco de cotidianeidad.

Esto no quiere decir que Puerto Natales, puerta de todos aquellos que quieren acercarse o incluso escalar Torres del Paine, no sea también un lugar turístico, pero entre chaquetas de gore tex y botas North Face, aún es posible entrever la vida de los lugareños. Sus rutinas, sus uniformes escolares, los bares frecuentados por locales…

Barcos sobre el Pacífico

Barcos sobre el Pacífico

Fue en Puerto Natales donde compartimos una noche de esas improvisadas que dan que hablar al día siguiente. Después de un día de relax, escritura y libros, para recuperarnos de nuestra etapa reina en Torres del Paine, decidimos salir a explorar el Puerto Natales nocturno.

Primera parada, ‘La mesita grande’, un restaurante de pizzas donde Julio se quitó el mono de queso fundido y yo el de rúcula fresca. Como su nombre indica, el bar es chiquito (ya se va pegando el latinoamericano) y sólo tiene una mesa alargada donde se sientan todos los comensales, lo que por una parte ahorra espacio, y por otra es perfecto para sociabilizar.

Justo a nuestro lado estaba una curiosa pareja, Alex, buzo profesional (instalador de gaseoductos) de Mallorca, y Sebastián, escalador vocacional de Ushuaia, la combinación os la podéis imaginar

Los últimos rayos de sol en Patagonia

Los últimos rayos de sol en Patagonia

Para darle un toque más surrealista al encuentro, imaginaros que la conversación comenzó preguntando de dónde eramos y Alex afirmando que ya se lo imaginaba, que yo tenía acento catalán ¿yo? Pero si soy adoptada y como algunos ‘grandes’ políticos, sólo hablo catalán ‘en la intimidad’. En fin, la cerveza tiene estos efectos.

El caso es que comenzamos a hablar y acabamos acompañándolos a un bar a ver si encontraban ‘minas’. No hubo suerte, para ellos, por la escasez de chicas; pero sí para nosotros, porque el bar estaba a dos puertas de nuestro hostal y así evitamos congelarnos durante el trayecto. Además, nos despedimos con una cita, el próximo viernes a las diez en el Dublin de Ushuaia.

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Aún no estoy segura de si yo llevaré a la mochila o la mochila me llevará a mi.

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