Udaipur y las mil y una noches

Comenzaban a reflejarse los primeros rayos del día sobre el lago Pichola cuando llegamos a Udaipur, nuestra puerta de entrada al Rajastán.

Después de un día y medio de viaje y cancelaciones de trenes, apenas pudimos echarle un vistazo a las bonitas vistas que teníamos desde la habitación y la terraza del hotel, antes de caer rendidos en un profundo sueño con las primeras horas de la mañana.

Udaipur al amanecer

Udaipur al amanecer

Udaipur es una ciudad tranquila si la comparamos con otras ciudades indias y el reflejo en el lago de sus palacios le da un ambiente de cuento de las mil y una noches, con cúpulas doradas, altos torreones y ventanas de celosía que guardan el misterio del interior de su fuerte.

Repuestos tras unas horas de sueño y un contundente desayuno, en India no sabemos nunca cuantas tostadas nos van a traer y más de un día nos hemos encontrados con 4 o 5 por cabeza.

Colada de colores en Udaipur

Colada de colores en Udaipur

Subiendo la cuesta hacia el palacio de la ciudad, la tranquilidad de la vida doméstica de las calles de la ciudad antigua van convirtiéndose poco a poco en hileras de puestos comerciales dirigidos a los turistas con todo tipo de atractivas mercancías: ropas de llamativos colores, libros hechos a mano forrados con sedas y cuero (obtenido sólo cuando la vaca muere de manera natural), figuritas de las variadas deidades indues y las famosas pinturas de Udaipur, en las que los artistas utilizan colores naturales obtenidos de las rocas de las montañas cercanas. Todos los colores cálidos provienen de los alrededores, salvo el azul, que deben importarlo y encarece las pinturas con estos tonos.

Barrio antiguo en Udaipur

Barrio antiguo en Udaipur

Decidimos visitar el palacio con un guía (sale más barato que la audioguía), y así poder introducirnos en la historia de los marajás. Destacan en el palacio las pinturas y los mosaicos de pavos reales. El arte de Udaipur se basa en las miniaturas, por eso, no debe extrañar que una diminuta pintura cueste el triple que una más grande, pero con menos detalle.

Otro detalle curioso del palacio que nos llamó la atención que hemos visto después en otros palacios son los terrenos con un muro de separación donde se celebraban las batallas de elefantes, uno de los pasatiempos favoritos de los nobles y también del pueblo. La lucha no era a muerte, sino que sólo consistía en dos elefantes enlazados por las trompas que estiran hacia lados opuestos. Ganaba el que traspasaba la línea de demarcación del muro.

Castillo de Udaipur

Castillo de Udaipur

Las islas del lago

El lago Pichola es sólo uno de los 7 lagos de la región de Udaipur, y además del palacio de la ciudad a su orilla, le dan un toque mágico la isla de Jagniwas, que alberga el Lake Palace Hotel, que con su reluciente blancura parece flotar sobre las aguas, rodeado por sus moriscos arcos y abombadas cúpulas.

Un poco más alejada se encuentra la isla de Jagmandir, donde el marajá Karan Singh construyó su palacio, que algunos años más tarde sería ampliado por Jagat Singh. Cuentan las voces populares que el mongol Sha Yahan mandó construir el Taj Mahan inspirándose en este palacio.

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Autor

Aún no estoy segura de si yo llevaré a la mochila o la mochila me llevará a mi.

6 Comentarios en “ Udaipur y las mil y una noches ”

  1. Felicidades prima!!!

  2. Felicidadeeeees!!! Quería hacerme el guay y ponertelo en hindi, pero paso de comerme la cabeza. Jajajaja. Besos a ambos

  3. Tu sabes que siempre me ha gustado todo lo relacionado con estas cultura ( pero la vaca )manda leches ,que parece que lo estraño en la calle es el ciclista.30.

  4. Gracias Lorena! Ha sido un cumple de lo más exótico, aquí con el Ganges al lado y coloridas abluciones todos los días. Así entraré en los 30 renovada y hasta más joven! jeje

  5. Qué vago Edu, pero si Google te lo hace en un momento! 😛 Muchas gracias desde Varanasi, mañana nos vamos hacia Nepal! yuju, da un gustazo decirlo así como el que va a comprar pan…

  6. Mama, aquí las vacas son unas filósofas, se pasan todo el día de vida contemplativa… y todo el mundo les da de comer. Yo en otra vida quiero ser vaca india.