Hanoi: 36 calles y millones de motos

El barrio antiguo de Hanoi, conocido como Old Quarter conserva aún, aunque por poco tiempo, el encanto de un pasado artesano, un sentimiento de comunidad en el que las profesiones siguen agrupándose físicamente en las calles y las personas viven de cara a fuera

Incienso y temlos en Hanoi

Incienso y temlos en Hanoi

Formado por 36 calles, el corazón antiguo de Hanoi dedica cada una de sus calles a una profesión y en ellas se alinean decenas de tiendas y artesanos por colectivos: ferreteros, fabricadores de moneda falsa para ofrendas, zapateros, vendedores de tabaco, de hierbas medicinales, joyeros…

Como si de una jornada de puertas abiertas se tratara, todos estos profesionales, sus familias y vecinos viven y trabajan en la calle. La intimidad es algo muy poco valorado en Vietnam y aunque no es sólo propio de Hanoi, la antigua capital del norte es uno de los lugares donde hemos visto con más profusión la vida familiar literalmente en las aceras de la calle. Las casas tienen unas puestas como las de las cocheras que se abren por la mañana y no se vuelven a cerrar hasta por la noche, cuando llega la hora de ir a dormir.

La vía del tren en el centro de Hanoi

La vía del tren en el centro de Hanoi

Pero este sentimiento de unión, de familia e incluso de barrio va perdiéndose con las nuevas generaciones, más interesadas en el último móvil que se ha comprado su amigo o en hacer rugir su moto. Sí motos y más motos, hasta un punto insoportable que convierte en todo un derroche de energía salir a la calle, conseguir pasar por los huecos en las aceras totalmente tomadas por motos aparcadas, y por supuesto el gran reto en Vietnam, cruzar la calle.

Un dicho que hemos oído más de una vez durante estos días es que los hombres vietnamitas tienen (ahora) sólo una mujer, pero dos motos. No sabemos muy bien si utilizan una para los días pares y otra para los impares, pero lo cierto es que el número de motos en ciudades como Hanoi o Saigon resulta demencial, y más si además se añade una total ausencia de normas de circulación, al menos tal y como lo entendemos nosotros, porque lo cierto es que hay menos accidentes de los que cabría esperar.

Motoristas en Hanoi

Motoristas en Hanoi

Para empezar, cruzar la calle supone un ejercicio de insensatez y templanza. El fluir de motos nunca para, apenas hay semáforos o pasos de peatones, y los pocos que hay, no los respetan, de manera, que para alcanzar el otro lado de la calle sólo hay que lanzarse a caminar despacio y mirar para adelante, esperando que ellos, los motoristas, te esquiven, “como si ellos fueran un río y tú una roca”, palabras textuales de un vietnamita.

Sombrero cónico en el templo de la Literatura

Sombrero cónico en el templo de la Literatura

Después de unas semanas, uno gana en seguridad, se hace con más naturalidad y menos temblores en el cuerpo, pero creo que no llegaré a acostumbrarme del todo en este mes que pasaremos en Vietnam. Sospecho que cuando vuelva a ver un semáforo para peatones respiraré aliviada.

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Aún no estoy segura de si yo llevaré a la mochila o la mochila me llevará a mi.

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