Un viaje para no dormirse

El viaje entre Salta y San Pedro de Atacama es en sí mismo un increíble espectáculo de paisajes que se suceden uno tras otro, sin darnos tiempo a aclimatarnos a la altura, ni a asimilar todo lo que estamos viendo.

Subiendo por los Andes

Subiendo por los Andes

Las calles de Salta todavía comenzaban a desperezarse cuando emprendimos la ruta en un ‘colectivo’ a las 7 de la mañana. Deshaciendo el camino que habíamos hecho el día anterior hasta la altura de Purmamarca (algo que no sabíamos), volvimos a adentrarnos en la Quebrada de Humahuaca para luego girar y comenzar a escalar hacia el paso a 4.100 metros.

Colores de las montañas

Colores de las montañas

A esta altura los altos cerros andinos se redondean en sus cumbres y por sus laderas se desliza la serpenteante carretera, que vuelve a bajar poniendo rumbo a Chile. Nosotros ya nos habíamos aclimatado después de nuestra estancia en Tilcara y Humahuaca, pero hay que tener en cuenta que a 4.100 metros el oxígeno comienza a ser más escaso y por lo que parece, suele haber episodios de mal de altura y crisis de nervios en esta ruta, porque el asistente del conductor, que se llamaba a sí mismo ‘Superman’, ejerció como excelente enfermera de una pasajera anglófona que no podía parar de llorar, pensando que le iba a estallar la cabeza y en algún momento no le llegaría el oxígeno a los pulmones.

Atravesando el desierto

Atravesando el desierto

Sustos médicos a parte, el resto de los pasajeros estábamos algo lentos por la altura, pero en condiciones de seguir disfrutando del paisaje.

Del desierto al salar

Del desierto al salar

Aún faltaban por llegar las montañas de colores, el blanco salar, el desierto donde las pocas nubes se convierten también en protagonistas del paisaje.

Y ahora salar y desierto juntos

Y ahora salar y desierto juntos

Datos útiles:
El trayecto completo con la empresa Pullman.
Dura unas 8 horas en autobús. Añadiéndole también los tiempos de espera para pasar la frontera argentina y luego la chilena, ya al llegar a San Pedro de Atacama, donde hay que pasar por la máquina de rayos todo el equipaje y declarar cualquier alimento que vayamos a ingresar en el país.
Cuesta 170 pesos argentinos (Unos 34€).
Incluye: Desayuno y comida.

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Autor

Aún no estoy segura de si yo llevaré a la mochila o la mochila me llevará a mi.

Un comentario en “ Un viaje para no dormirse ”

  1. Julio, tio. Decide ya de una puñetera vez, donde cojones vas a dejar a silvia para que no pueda volver, que con la tonteria te estas dando la vuelta al mundo. 😉

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