Noche de selva en la maloka
“En la selva no hay que pensar en seres queridos ni en tus problemas. Tienes que estar atento. Porque hay muchos espíritus, miles, y ellos pueden entrar en tus pensamientos y confundirte”. Así nos introducía una joven tikuna en su mundo, la jungla amazónica.
La selva. Entre árboles primarios y espesa vegetación. En la selva el caos enmaraña sus tejidos, cientos de especies de todo tipo luchan cada día por su supervivencia en este medio poblado de peligros y a la vez tan lleno de vida. Sombras que acechan, camuflajes para todo tipo de seres vivos e imaginarios. Entre toda esta exuberancia salvaje uno entiende por qué las culturas locales encuentran su equilibrio balanceándose entre dos lianas, la realidad más palpable y el mundo de los espíritus y supersticiones.
Nuestra expedición selvática nos llevó a Puerto Nariño, un pequeño y encantador pueblo colombiano a dos horas de Leticia en lancha rápida. Desde allí teníamos que contactar con una familia que está tratando de recuperar las tradiciones de las etnias locales a través de proyectos internos y otros dirigidos a los visitantes. Y en este último interveníamos nosotros.
Ahora volvíamos a ser un trío, con David como compañero de aventuras amazónicas. Empeñados en huir de los tours organizados, dimos sin muchos contratiempos con nuestro contacto y la experiencia resultó muy interesante y sobre todo, mucho más barata que entrando por el aro de los espectáculos de selva montados para turistas.
Ruidos en la maloka
Transcurrían las horas oscuras junto al fuego de una maloka, una casa tradicional, envueltos por el humo y las historias de la creación del mundo según la cultura tikuna. Seres mitológicos mezclados con perezosos con el tamaño de una copa de árbol, todopoderosas anacondas o jaguares de enormes mandíbulas. Afortunadamente para nosotros, la especie más letal que nos acechó durante toda la noche fue una plaga de zancudos (mosquitos de patas largas y trompa aún más afilada). Había tantos y nos acribillaron de tal manera y a través de las ropas, que todavía seguimos con los dedos cruzados para que entre ellos no se encontrara nuestro ‘amigo’ Anófeles.
Por la mañana, masacrados por estas exasperantes minibestias, David, Julio y yo nos adentrábamos en la selva siguiendo los machetazos del guía que abrió para nosotros un pequeñísimo rincón de jungla. La selva, a pesar de ser relativamente joven en esa zona, debido a las antiguas plantaciones de coca que crecían en las proximidades hace apenas unas décadas, no dejaba de darnos sustos en forma de informaciones. ¡Atención!, esta es una de las zonas predilectas para una de las serpientes más venenosas del Amazonas, un mal paso puede ser letal y mandarte a formar parte del mundo de los espíritus. Esos que pueblan la selva y toman la forma de otros.
Datos útiles:
Lugar: Puerto Nariño
Guía para un día entero: 30.000 $COL (A dividir entre tres)
Alquiler de barca a motor (peque-peque) hasta el Lago Tarapoto: 30.000 $COL (A dividir entre tres)
Dormir en una maloka en medio de la selva: 10.000 $COL
Probar un guiso de tortuga del Amazonas: no tiene precio y nos salió gratis, simplemente todos compartimos lo que llevábamos, nosotros y nuestros anfitriones.
Hola Silvia:
Tu look Kate en la selva me encanta
Besos. Por cierto, cuando volveis?
alaaa que de nabos coges julio!!!oye el tejado d la casa mola,pero,y la casa?jajaj parece que la han enterrado hasta el tejaooo,que no hos piquen los bichitos heeee
jajajaja, qué imaginación la tuya Javier! Pues ni Jack ni Sawyer se dejaron ver por allí
Ah! Volvemos a finales de julio, ya te doy un toque a ver si no os habéis ido de vacaciones por esas fechas.